La película cuenta la historia de siete jóvenes marginados que crecen en el pueblo de Derry, Maine, y que se autodenominan: Club de Perdedores. Por una razón u otra, cada uno de ellos es un segregado social y se convierten en un blanco particular para recibir los maltratos de la pandilla local de bullies… cada uno de ellos también ha visto cómo sus miedos más temidos se materializan en la forma de un antiguo depredador que cambia de apariencia a placer, a quien llaman IT (ESO).

Desde su fundación y a lo largo de su historia, Derry ha sido el territorio elegido de esta entidad para cazar a sus víctimas, cuando cada 27 años emerge de las alcantarillas para alimentarse de los miedos de las presas que ha elegido: los niños de Derry.
Un verano especialmente horrorizante, el Club de Perdedores se une y refuerza sus lazos para ayudarse a enfrentar sus miedos personales y así detener el ciclo de asesinatos que inició un día lluvioso, cuando un pequeño perseguía su barco de papel atrapado en una corriente de agua en la calle formada por la tormenta y que se dirigía directamente… a las manos de El Payaso Pennywise.
Uno de los cambios es que la historia no comienza en la década de 1950, sino a finales de 1980. Es un buen movimiento, porque la nostalgia de la audiencia actual apunta justo a esa época y porque en el segundo episodio, estaremos justo en la era actual y quienes vimos la miniserie original tendremos la edad de los personajes principales. Es un imán de taquilla casi infalible.

La dirección de Andy Muschietti no es magistral, pero hace un buen trabajo. Después de todo, la máxima es “nunca trabajes con perros o con niños”… y en esta película hay siete protagonistas muy jóvenes. La historia del Club de los Perdedores tiene algunos tropiezos en la narración al principio, lo que hace que el primer tercio de la película se sienta accidentado. Sin embargo, la tensión va creciendo conforme Pennywise, el Payaso Saltarín, atormenta a cada uno de los niños o al grupo por entero.
El payaso de Bill Skarsgård sí provoca miedo, aunque muchos estarán esperando una actuación distinta.Aunque parece un tanto infantil, este Pennywise tiene una característica esencial de la novela que no vimos en la miniserie. A pesar de tener un aspecto humanoide, hay algo desencajado y decididamente alienígena al ponerle más atención, como si hubiera “algo” que usa un traje de payaso. Eso está muy bien plasmado en la historia, en donde eso salta, se dobla, desdobla y abre sus fauces para devorar niños.
Ese es un problema constante a lo largo de la película. Las historias de Stephen King son famosas por su atención al detalle y su extensa descripción de personajes. Vamos, después de varias páginas, sabes quiénes son, cómo suenan. Pero en dos horas y quince minutos, solo Beverly tiene un poco más de desarrollo que el resto, a pesar de que Bill tiene una importancia mayor por ser quien pierde a su hermano e inicia los eventos de ese verano.
Esta es una situación que se está volviendo regular en Warner. No solo los guiones están diluidos, sino que la edición parece sugerir que se filmaron más eventos de los que estamos viendo. No descartamos por un momento que exista una edición extendida en los planes del estudio, en la que posiblemente algunos de los personajes tengan más cosas por hacer. Pero esas ediciones deberían simplemente nutrir una película ya completa y no intentar arreglar algo que jamás se va a componer si desde un inicio, la edición original conserva esas fallas.
Mientras tanto, la película funciona a pesar de sus fallas. Probablemente no se convierta en un clásico, pero eso depende de la segunda parte, en donde probablemente se explorará el origen de Pennywise y la vida de los Perdedores 27 años después.

Ahora ¿tiene el atractivo suficiente para justificar el precio del boleto? Sí. La disfrutarán más quienes no recuerden o no hayan visto la miniserie y quienes no hayan leído el libro, pero hay suficiente material y sustos como para que sea un éxito de taquilla y que los espectadores quieran ver la segunda parte.
Autor:
Griselda Ramirez